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El corazón del la sombra (A propósito de 21 gramos) Por Mariano Sánchez Soler
En estas líneas, el escritor Mariano Sánchez nos brinda unas sinceras e incluso íntimas reflexiones acerca de la polémica película 21 gramos. De Mariano conocemos todos la faceta de ensayista y de novelista; acerquémonos ahora al Mariano cinéfilo, seguro que nos aportará ideas interesantes. “¿Y cuánto se
gana?”, dice la voz en el momento de la muerte. 21
gramos es el peso de la última (¿y única?) verdad en esta gran
película que nos habla del Los cineastas nos atrapan con su red narrativa, nos obligan a dar saltos en el tiempo (ya lo hizo el gran Stanley Donen en Dos en la carretera con un relato sobre la crisis de la pareja), para que sus personajes confluyan alrededor de un hecho terrible que los unirá en un mismo destino de violencias, de angustias, de miedos. Y de fatalismo en dosis magistrales. El espectador que quiera escapar de tan angustiosa red tendrá que renunciar en mitad de película, desconectarse de ella y rechazarla antes de que sea demasiado tarde. De lo contrario...
Los autores de 21 gramos
cortan su narración con precisión de escalpelo y, como en una rueda
(que debe mucho al suspense de Hitchcock en su dosificación calculada
de la información), nos hace girar alrededor de un hecho que da muerte
La película de Iñárritu y Arriaga no es casual en la filmografía
azteca. Un filme como el suyo no sería posible si en sus cimientos no
pudiéramos encontrar rasgos de la mirada del Buñuel mejicano (Los
olvidados, Él, Abismos
de pasión...); sin el realismo tremendista de Luis Alcoriza o el
Indio Fernández, sin la exuberancia melodramática del Ripstein de Profundo
carmesí. Aunque se trata de una producción estadounidense, la visión
del mundo ofrecida por los autores de 21
gramos sigue la estela de la cinematografía mexicana más dura. Y
no es casual que, una vez abandonada la sala de proyección, nos asalten
destellos de Bajo el volcán
de Malcolm Lowry, filmado por John Huston, mezclados con la visión
destartalada del sueño americano ofrecida por el Wim Wenders de Alicia
en las ciudades y París,
Texas.
El cine de autor tiene sus peligros y quizá muchos espectadores y críticos
no perdonen a los autores de Amores
perros que, más allá de los circuitos de culto, se hayan asomado a
lo más templado de la cartelera comercial. También esto le ocurre a
David Lynch: que molesta, apasiona, sorprende... Pero al autor de
Así es que, como el lector habrá comprendido ya, 21 gramos es, para quien esto escribe, una obra maestra del cine,
una película de la que no he dejado de pensar desde que la vi hace ya
varios meses. Ni un solo día me he podido quitar de la cabeza los
rostros de Sean Penn, Naomi Watts y Benicio del Toro, a quienes no podré
ver en otra película durante bastante tiempo, mientras me sigan
persiguiendo sus personajes. Quizá se deba a que únicamente conozco un
modo de enfrentarme al riesgo de juzgar las obras de arte: sin
prejuicios, sin máscaras, sin piedad, pero siempre dispuesto a
sucumbir.
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